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El Resultado

El Adiestrador · 21 de agosto de 2026

Nos enfocamos demasiado en el resultado. En que se siente. En que haga caso. Se ve constantemente: cuando el perro se despista llega la corrección, aparece la frustración y la persona empieza a estar cada vez más pendiente de mantenerlo dentro del ejercicio. Y esa tensión también acaba llegando al perro. Muchas veces la dinámica es sencilla: comida, se guía al perro, hace el ejercicio y recibe el premio. Y repetir. Hasta que se aburre o desconecta. Quizá el problema es que queremos llegar demasiado rápido al resultado. Hay otra forma de plantearlo. Dejar que el perro piense. Que pruebe, se equivoque y se esfuerce. A veces basta con quedarse quieto y esperar. En algún momento el perro mirará, ofrecerá algo o buscará volver a conectar. Entonces sí: prémialo de verdad. Con comida, juego, movimiento o aquello que tenga valor para él. No como un intercambio mecánico, sino haciendo que ese esfuerzo merezca la pena. El problema no es la comida. El problema es cuando el perro simplemente sigue algo que tiene delante de la nariz y apenas necesita pensar o tomar decisiones. Porque el verdadero resultado no es conseguir un sentado perfecto. Es que el perro quiera seguir trabajando a tu lado.