Entender antes de entrenar
El Adiestrador · 18 de agosto de 2026
Hace miles de años, la relación entre humanos y perros era mucho más sencilla.
Ellos se acercaban a nuestros asentamientos para aprovechar nuestros desperdicios, y nosotros obteníamos algo a cambio.
Alerta, y aprendizaje.
Observar a aquellos animales moverse, rastrear o cazar nos enseñaba cosas sobre ellos y sobre el entorno que compartíamos.
Hoy la relación es muy distinta.
Les damos alimento, una casa, cuidados y afecto. Pero hay algo que quizá hemos perdido por el camino, ya casi no aprendemos de ellos.
No los observamos lo suficiente.
Antes de aprender a adiestrar a un perro, deberíamos aprender a leerlo.
Entender cuándo está tranquilo.
Cuándo empieza a excitarse.
Qué cosas llaman su atención.
Qué estímulos provocan respuestas naturales, casi automáticas:
Perseguir algo que se mueve.
Defender un recurso.
Investigar un olor.
Ladrar ante una amenaza.
Reaccionar ante otro perro.
También debemos aprender a conocer sus umbrales.
Dos perros pueden enfrentarse exactamente al mismo estímulo y reaccionar de manera completamente diferente.
Uno puede ignorarlo.
El otro puede pasar de cero a cien.
La genética tiene mucho que decir aquí.
Durante generaciones hemos seleccionado razas potenciando determinados patrones de comportamiento.
Perseguir.
Pastorear.
Cobrar.
Vigilar.
Rastrear.
Proteger.
Pretender que todos los perros respondan igual sería ignorar precisamente aquello que nosotros mismos hemos seleccionado durante siglos.
Por eso, adiestrar no debería empezar por enseñar un sentado.
Debería empezar por observar.
Observar qué hace el perro.
Qué mira.
Qué evita.
Qué busca.
Qué le activa.
Qué le tranquiliza.
Porque cuanto mejor entendemos lo que un perro es, menos necesitamos imaginar lo que nosotros queremos que sea.